Hace unos días hablamos acerca de aquellas actitudes que dan cuenta de la normalización del abuso sexual en las familias. Son acciones que podemos ver tan sencillas y sin alguna mala intención, pero detrás está la puerta de acceso del abusador para acceder al niño/a. Es importante identificar estas actitudes y comportamientos y evitar exponer al niño a situaciones riesgosas para el/ella.
Además de las actitudes mencionadas en nuestra anterior publicación, también es posible identificar algunos aspectos a nivel familiar que aumentan la probabilidad de que los niños sean víctimas de abuso, por ejemplo:
- Una comunicación deficiente, es decir, la falta de espacios para conversar en familia sobre situaciones personales positivas o negativas. Cuando esta comunicación permanece en las familias es difícil que el niño pueda expresar una situación de abuso o de maltrato, pues sabe que no va a ser escuchado como lo necesita.
- Una deficiencia de recursos para resolver conflictos de forma asertiva. En este caso se entiende que la única forma de resolver un problema es a través de actitudes de maltrato o violentas, sumado a palabras con un contenido grosero o negativo. Así pues, el niño/a adoptara y aceptara estas mismas acciones para resolver una situación de dificultad en su escuela, con sus amigos y con su propia familia.
- El irrespeto por la privacidad y la intimidad de los miembros de la familia. Como lo hablamos anteriormente los niños deben tener su propia habitación, ya que este es un espacio que le da una sensación de seguridad y confianza. Cuando este espacio es compartido con miembros de su familia como hermanos o padres, el niño/a no comprenderá los límites que existen en la relación con sus familiares y tampoco podrá identificar cuando se rompen los mismos y que debe hacer cuando esto pase.
- La descalificación del menor y la creencia de que todo lo que él dice es mentira. Este es uno de los aspectos más importantes en la normalización del abuso ya que, en la mayoría de ocasiones se cuestiona y se invalida lo que el niño expresa simplemente por el hecho de ser niño y por la creencia de que “el no entiende” “el se lo inventó” “él no sabe lo que está diciendo”. Siempre es importante tener en cuenta que LOS NIÑOS NO MIENTEN sobre estas situaciones, no se encuentran en la capacidad cognitiva para inventarse una situación de abuso sexual. Por eso siempre que un niño exprese que está siendo abusado hay que creerle a él, por encima de cualquier persona.
- La falta de supervisión adecuada de los hijos por parte de sus padres. Sabemos que muchos de los niños/as son dejados bajo la supervisión de un adulto cercano, un vecino o un familiar. Queremos aclarar que eso no está mal, pues muchas veces por cuestiones laborales y diferentes circunstancias es necesario. Lo importante aquí es que debe haber una supervisión de este cuidado, es decir, llamar constantemente o enviar un mensaje al cuidador para saber como esta el niño, pedirle que pase al teléfono y hablar con él, y en casa preguntar cómo se siente bajo el cuidado de la persona que pasa tiempo con ellos mientras sus padres no están.
- Dificultades económicas. Aunque parezca difícil de creer, las dificultades económicas terminan siendo otra de las formas de normalizar el abuso ya que en algunos casos las madres, por el temor a perder el apoyo monetario que reciben de sus esposos o sus parejas, deciden no denunciar o no prestarle atención a la situación de abuso que viven los niños que hacen parte de su familia.
Una vez hechas estas aclaraciones, es posible decir que la normalización del abuso tiene graves secuelas en el desarrollo humano del niño y en su seguridad. En el caso del desarrollo, es posible decir que este se basa en dos aspectos: las capacidades humanas (estado de salud, conocimientos y destrezas), y las adquiridas. El abuso sexual afecta ambos aspectos ya que, en el caso de los niños, es la familia quien garantiza su bienestar y desarrollo y cuando esto no ocurre generan frustraciones, dolores y algunas huellas imborrables, además de las secuelas físicas y psicológicas que acarrea este hecho. (Saldarriaga,2018)
A lo anterior, Nussbaum (2001, citado en Saldarriaga,2012) agrega que en el caso de los niños y niñas, cuando se experimenta este tipo de frustración de la que hablamos, se produce también un sentimiento de pérdida de los sueños, la inocencia, de la confianza en sí mismo y en los demás. También se pierden los afectos hacia el agresor (si se trata de un familiar) y hacia los miembros de la familia que no actuaron como sus protectores cuando el o ella lo necesitaban y por tanto, permitieron que se diera el abuso sexual. Es aquí donde se pierde su responsabilidad en la garantía de la integridad de los niños y de buscar condiciones favorables para el desarrollo de la vida.
Otro de los aspectos que se ve afectado es el de la seguridad humana, la cual garantiza la protección contra amenazas crónicas como las enfermedades, pero también contra eventos dolorosos de la vida cotidiana que se presentan en el hogar o en una comunidad específica. En este orden de ideas, el abuso sexual afecta la seguridad de los niños en tanto que se generan huellas físicas y psicológicas que en algunos casos son permanentes y se agudizan si el evento se presenta en el ámbito familiar, ya que se espera que en este espacio los padres sean quienes garantizan los derechos de los niños y generen acciones encaminadas hacia el bienestar y no hacia una disminución de su calidad de vida.
Ante este panorama, es posible reconocer una situación lamentable y es el hecho de que las familias no siempre constituyen un factor protector y un garante de los derechos y la seguridad de los niños, sino que, por el contrario, se convierten en un factor de riesgo que atenta contra la dignidad e integridad de los menores. (Saldarriaga, 2012)
Sin embargo, esto es solo un esbozo de todos los factores que aumentan el abuso sexual infantil en el país, que no son únicamente familiares sino también económicos, sociales y culturales. Por esto es importante empezar a reconocer dentro de nuestro contexto cuáles son estos factores para generar estrategias e intervenciones acertadas y adecuadas al contexto.
Adicional a lo anterior, es necesario generar propuestas que permitan enfrentar este delito, no sólo en términos de las leyes que castigan a los abusadores, sino en cuanto a la reparación de la víctima, para lo cual es necesario centrarnos en sus relatos, la forma en la que enfrenta el abuso y cómo esta situación afecta las relaciones que establecen a lo largo de su vida. (Saldarriaga, 2018). En Fundación Red apoyamos estas ideas y estamos seguros de que todos podemos aportar un grano de arena desde nuestras habilidades y conocimientos para combatir este delito. Los invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales y a visitar nuestra página web.
Referencias:
Saldarriaga,J.(2012).Prácticas culturales que sustentan el abuso sexual infantil en la ciudad de pereira. (Tesis de Maestría). Universidad de manizales. Manizales, Caldas. Recuperado de:http://ridum.umanizales.edu.co:8080/xmlui/bitstream/handle/6789/272/132_Saldarriaga_P%C3%A9rez_Jorge_Eduardo_2012.pdf?sequence=1
